¿Qué ocurriría a nuestro cuerpo si consumiéramos un cerebro (humano)?

Obviamente no aprobamos en ningún caso llegar a comer cerebro, pero sí podemos investigar y profundizar sobre ello como curiosidad científica.

Lo primero son las calorías, claro. Algunas fuentes estiman que ingeriríamos «78 calorías, 10 gramos de grasa, 11 gramos de proteína y 1 gramo de carbohidratos» por cada 100 gramos de peso del cerebro un dato muy curioso para la poca cantidad que nos consumiríamos.

Enfermedades que se pueden causar por comer cerebro

Según varios científicos, al consumir un cerebro humano estamos expuestos a desarrollar varias enfermedades. Como la enfermedad de las vacas locas, obviamente entre otras.

Los síntomas comunes de las enfermedades EET o las encefalopatías espongiformes transmisibles, incluyen cambios de personalidad, movimientos espasmódicos involuntarios, sensaciones inusuales, insomnio, confusión, dolores de cabeza severos y problemas de memoria.

El cerebro humano es el órgano más formidable que poseemos. Puede procesar información diariamente, desde recordar los nombres de conocidos hasta aprender una nueva habilidad en el trabajo. El cerebro humano promedio pesa entre 1.300 y 1.500 gramos y mide 16,7 centímetros (cm) de largo, 9,3 cm de alto y 14 cm de ancho.

Ingerir la última frontera de la ciencia

Si nos comiéramos el cerebro de alguien (o cualquier otra parte de un ser humano) que está portando alguna enfermedad, existe la posibilidad de que contraigamos dicha enfermedad.

Si cocináramos esa parte del cuerpo, también hay evidencia de que ciertas formas de enfermedades causadas por lo que se conoce como «priones» -un agente infeccioso formado por una proteína- podrían no ser destruidas por la cocción. Así las cosas, la posibilidad de contraer una enfermedad es más alta que si comiéramos cualquier otro animal.

Hasta la década de 1960, la tribu Fore de Papúa Nueva Guinea consumía a sus muertos como parte de un ritual funerario.

Sin embargo, detuvieron este ritual porque, en un extraño giro del destino, los científicos descubrieron que cuando comían cerebros humanos, podían contraer una enfermedad conocida como Kuru, que causa estragos en la materia gris del cerebro, dejándola como una esponja deformada.

El período de incubación puede durar desde unos pocos años hasta un máximo de 60, pero una vez que comienza, al afectado solo le quedan unos pocos años de vida.

Entonces, además de las obvias razones éticas, la ingesta de cerebros humanos queda completamente descartada por razones de salud.

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